TEP (triángulo de evaluación pediátrica) ¿Estable o inestable?
Tan pronto pisé la urgencia pediátrica fue lo primero que entró en mi mochila de herramientas de residente como una forma fantástica para determinar la estabilidad del paciente.
Imagina que estás en un hospital, y llega una ambulancia con un niño de cinco años que tuvo un accidente en el parque. Al bajar de la ambulancia, notas que el niño está inusualmente tranquilo, casi somnoliento, y no parece interesado en lo que sucede a su alrededor. Lo primeros segundos de tu valoración mientras lo recibes son para el TEP, llamándote la atención su apariencia.
El TEP es una evaluación rápida, en unos segundos (máximo un minuto), del estado fisiológico del niño sin ser necesaria la exploración física ni la toma de constantes (se realiza sin tocar al paciente), aunque sí desvestirlo un poco. Para poder valorarlo en condiciones ideales, lo mejor es hacerlo en brazos de uno de los padres, o con ellos cerca.
Finalmente, revisas la circulación de su piel. La piel del niño está pálida y tiene un leve tinte azulado alrededor de los labios, lo que sugiere que su circulación está comprometida.
El objetivo de esta valoración es realizar un diagnóstico fisiopatológico de forma previa a la valoración primaria (ABCDE). Si el paciente tiene los tres lados normales, lo consideramos estable. Con uno solo de los lados alterado, lo consideramos inestable.


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